dimecres, 29 d’octubre del 2014

El amor no es sabiduría, es locura

Suena una canción de fondo, esa que te hace recordar y sacar una lágrima. Llueve, una tormenta que se parece al ruido que hay dentro de mí. Palabras sin sentido, contradicciones y mentiras. Recuerdos, tardes y noches de pasión que hoy se guardan en la memoria. Días llenos de amor.

Un libro, lleno de nuestros capítulos. Una historia que no acabaría y acabó con un final infeliz.

Ayer tantas cosas que mostrar y hoy tanto que olvidar. Sólo se me ocurre una palabra: cobarde. Miedo a sentir, a fracasar y, sobretodo, la importancia al qué dirán.

Me siento inútil en pensar que esta historia podría continuar, que podríamos seguir viviendo momentos juntos cuando, en realidad, ya se ha terminado, cuando ya no hay solución a todos nuestros errores. Y ojalá pudiera decirte de nuevo; ''cógete de mi mano y agárrala fuerte, yo nunca te soltaré''. Pero cuando la confianza se pierde...¿qué nos queda?

Y entiendo que, a veces, hace falta poner a una persona especial en nuestra vida. Y si las cosas funcionan a la perfección, estupendo. Pero si la relación se acaba, caemos en el pensamiento de que ya nada tendrá sentido y que nunca volveremos a enamorarnos de alguien como lo hemos hecho de esa persona. 

Pero cuando queremos a alguien, haríamos cualquier cosa y cometeríamos todas esas locuras que son difíciles de explicar. Negamos la verdad con tal de no perder lo que hemos construido, aunque eso nos lleve un paso más cerca del fracaso. Creemos en la mentira e incluso hay momentos en los que creemos que realmente podemos volar. Cuando queremos a alguien, nada ni nadie nos hace cambiar de opinión y somos capaces de sacrificarlo absolutamente todo por esa persona. 

El problema está en que, continuamente, buscamos escondernos detrás de nuestras grandes debilidades, pero, ¿y si nuestra gran debilidad es esa persona? Buscamos dibujarle una sonrisa día tras día y ver, en su mirada, un motivo más por ser lo que somos y por seguir luchando para que esa mirada nos diga, algún día, lo que estamos deseando escuchar. 

Pero, es curioso, porque siempre consiguen arrancarnos la sonrisa más tonta incluso sin hacer nada, sólo con sonreírnos. Pero adoramos perdernos en ella, ya que ésa sonrisa de complicidad es la que nos hace cambiar por completo nuestra razón y, lo que pensábamos que era de color gris se vuelve de todos los colores del arco iris. 

Y, es que, realmente, tenemos miedo a querer, a enamorarnos. Pero no sabemos que el amor más bello es un cálculo equivocado. Es esa excepción que confirma la regla. Aquello por lo que siempre habíamos utilizado la palabra ''nunca''. 

Seamos sinceros. Una vida sin amor es una vida incompleta. Porque nadie, absolutamente nadie, es capaz de explicar lo que un simple sentimiento puede llegar a hacer en la vida de las personas. Porque, señores, nada se sabe del amor hasta que se ama. 

Porque el amor no es sabiduría, es locura.



Iris Nieves.

dissabte, 25 d’octubre del 2014

El tiempo es oro

La sociedad de hoy en día vive en un ciclo vicioso continuo del cual, con suerte, salen los fines de semana. Durante el día vivimos pendientes del reloj; desde el primer momento en que suena para avisarnos de que la hora de dormir ha acabado, hasta la noche, que nos recuerda que el día ha llegado a su final. No nos damos cuenta de que el tiempo marca el ritmo de nuestra vida, y nosotros obedecemos como máquinas, teniendo como consecuencia la infelicidad.

Somos esclavos del tiempo, tanto que hasta negociamos con él. Continuamente le pedimos minutos de más, ya sea para llegar a la hora, para dormir más, para ganar tiempo de estudio o para alargar aquellos momentos inolvidables que no querríamos que acabaran nunca. Tiene el poder sobre nosotros, hace presión contra nuestra vida cuotidiana y, como consecuencia, no gozamos de lo que nos rodea. Siempre vamos de un sitio a otro con prisas, acompañados por la tensión y la ansiedad, dos enemigas nuestras que van cogidas de la mano y no nos ayudan a conseguir lo que queremos.

El tiempo pasa, y nuestra vida se envuelve con palabras como miedo, nervios, tensión, presión, ira, responsabilidad, entre otras muchas. Todas ellas nos llevan a un camino monótono, dónde solo nos importa el yo propio. Quien decida escoger este camino adelante, pero siempre estará triste, preocupado y, lo más importante, no será feliz. En cambio, aquel que decida plantarle cara al tiempo y darle el valor que le corresponde, entonces sí que habrá elegido el camino de la felicidad.

El camino de la felicidad no significa desperdiciar el tiempo, sino todo lo contrario. El tiempo es un valor muy importante, pero nunca debemos dejar que éste influya tanto en nuestra vida, que nos lleve a condiciones dónde nuestra salud también entra en juego, sino que debemos disfrutar de cada momento que pasa, disfrutar de todo lo que nos rodea, del día a día, olvidarnos del pasado y no pensar en el futuro. Sólo así conseguiremos ser felices.
El tiempo es oro y, a veces, no nos damos cuenta de lo rápido que pasa. Por eso, haz lo que sientas y necesites en cada momento ya que, una vez pasa no podemos volver a recuperarlo ni echar marcha atrás.


Y, por último, añadir: ‘’La vida no se mide por los momentos que respiras, sino por los momentos que nos dejan sin aliento’’. 

Iris Nieves.