La sociedad de hoy en día vive en un ciclo vicioso
continuo del cual, con suerte, salen los fines de semana. Durante el día
vivimos pendientes del reloj; desde el primer momento en que suena para
avisarnos de que la hora de dormir ha acabado, hasta la noche, que nos recuerda
que el día ha llegado a su final. No nos damos cuenta de que el tiempo marca el
ritmo de nuestra vida, y nosotros obedecemos como máquinas, teniendo como
consecuencia la infelicidad.
Somos esclavos del tiempo, tanto que hasta negociamos con
él. Continuamente le pedimos minutos de más, ya sea para llegar a la hora, para
dormir más, para ganar tiempo de estudio o para alargar aquellos momentos
inolvidables que no querríamos que acabaran nunca. Tiene el poder sobre nosotros,
hace presión contra nuestra vida cuotidiana y, como consecuencia, no gozamos de
lo que nos rodea. Siempre vamos de un sitio a otro con prisas, acompañados por
la tensión y la ansiedad, dos enemigas nuestras que van cogidas de la mano y no
nos ayudan a conseguir lo que queremos.
El tiempo pasa, y nuestra vida se envuelve con palabras
como miedo, nervios, tensión, presión, ira, responsabilidad, entre otras
muchas. Todas ellas nos llevan a un camino monótono, dónde solo nos importa el
yo propio. Quien decida escoger este camino adelante, pero siempre estará
triste, preocupado y, lo más importante, no será feliz. En cambio, aquel que
decida plantarle cara al tiempo y darle el valor que le corresponde, entonces
sí que habrá elegido el camino de la felicidad.
El camino de la felicidad no significa desperdiciar el
tiempo, sino todo lo contrario. El tiempo es un valor muy importante, pero
nunca debemos dejar que éste influya tanto en nuestra vida, que nos lleve a
condiciones dónde nuestra salud también entra en juego, sino que debemos
disfrutar de cada momento que pasa, disfrutar de todo lo que nos rodea, del día
a día, olvidarnos del pasado y no pensar en el futuro. Sólo así conseguiremos
ser felices.
El tiempo es oro y, a veces, no nos damos cuenta de lo
rápido que pasa. Por eso, haz lo que sientas y necesites en cada momento ya
que, una vez pasa no podemos volver a recuperarlo ni echar marcha atrás.
Y, por último, añadir: ‘’La vida no se mide por los
momentos que respiras, sino por los momentos que nos dejan sin aliento’’.
Iris Nieves.
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